“Por esto luchamos”

La gentrificación y los deseos inmobiliarios sobre el Edificio Trevi.

Por Gerardo Farell A. 

Carlos Acuña permaneció en la calle por un día después de su desalojo. Foto: G.Farell

Bajo una lona blanca, los muebles de Carlos Acuña, reportero, bloquearon la calle Dr. Mora, entre el Café Trevi y la Alameda Central, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Era un desalojo, llevado a cabo el pasado 20 de agosto por entre 25 y 30 personas que se dedicaban a eso y fueron contratados por Banca Mifel, Público Coworking y otras empresas que actúan desde las sombras para gentrificar al edificio Trevi. 

Ese mismo día del desalojo, Carlos organizó un festejo/protesta, con ayuda del Café Trevi y otros negocios aledaños, además de vecinos del edificio y amigos de Acuña. Hubo baile, alcohol y unidad. 

No pasó ni un día cuando otros empleados entraron a su departamento y lo comenzaron a destrozar para comenzar las obras. Ya en la tarde del miércoles parecía una escena sacada de la Guerra Civil Siria.

“No estoy enojado con los que me desalojaron, ni con los que entraron y empezaron a demoler, ya que ellos están igual que yo, también son desplazados que sacan de sus casas para hacer mega obras y tienen que migrar a la ciudad y trabajar en lo que se pueda.” Habla Acuña con cansancio y sinceridad en su rostro. 

Pese a que Carlos había cumplido sus rentas, su contrato seguía vigente y contaba con amparos en curso para frenar “juicios chuecos”, los empleados sacaron sus cosas a la calle, junto con una abogada que pidió que juntara sus cosas de valor y policías capitalinos, uno de ellos le dijo: “No importa joven, les gana el juicio y hasta sale con departamento remodelado.” 

Carlos sonreía al contar esa anécdota a los otros vecinos que, un día después del suceso, llegaban a ver como estaba su vecino y compañero. Esperaba a que viniera su padre con un camión de mudanzas para llevarse sus cosas; bromeaba con que ya iba a vivir en la calle y su única preocupación era la chamba que tenía que hacer para finales de esa semana y buscar un nuevo departamento. 

“Esto ya lo veía venir. Desde hace unos meses me llegó la orden. Lo que no sabía era cuando iba a pasar, pero ya lo había previsto.” Comentó Carlos Acuña mientras se encontraba sentado en su sofá-cama negro ya magullado por tanto movimiento. 

Carlos mencionó que esto era más bien un “performance” para llamar la atención de las acciones arbitrarias que llevaban a cabo Banca Mifel y Público Coworking, quienes quieren volver el Edificio Trevi en oficinas coworking y departamentos Airbnb. 

Esto es parte a un fenómeno mayor que sufre la Ciudad de México desde hace años, que es la gentrificación de colonias que antes eran catalogadas como “peligrosas” o de “escasos recursos.” 

Esto conlleva a que las rentas se encarezcan, negocios caros surjan en las zonas y los habitantes de esas colonias, que llevan generaciones habitándolas o 9 años que es el caso de Carlos, se desplacen a otros lados, como lo son las periferias de la ciudad o donde sea barato vivir. 

Pero Carlos no quiere eso. Busca seguir la lucha desde el departamento de emergencias que habían instalado los vecinos para estos casos o desde alguno cercano al Trevi. 

Llegó en camión con el padre de Carlos, el cual se bajó, abrazó a su hijo y lo besó en la frente. Después de eso, comenzaron a subir sus muebles al camión, todo excepto el sofá-cama mallugado, donde se encontraban unos vecinos y compañeros de lucha ahí sentados. 

Carlos decidió dejar el sillón afuera, como un símbolo de su lucha, y con ayuda de los vecinos, lo pegaron a lado de la entrada de la Cafetería Trevi. En eso, el vendedor de periódicos frente a la cafetería le hizo una seña para que Carlos viera lo que en algunos medios impresos habían escrito. 

Agarró el Reporte Índigo, ojeó el reportaje que habían hecho y se burló. 

“No mames, así no fue como pasó” Se quejó Carlos mientras seguía leyendo el periódico.
Como ese, también la Prensa, Excelsior y otros medios hablaron de lo sucedido a Carlos, y no solo en prensa escrita. Los de Pie de Página, Animal Político Televisa, Imagen TV (para el noticiero de Ciro Gómez Leyva) lo habían entrevistado. Había logrado su cometido. 

Solo quedan 6 

Al terminar, lo ayudaron los compañeros de pelea y unos amigos de Carlos a subir a su departamento de emergencias lo que faltaba, e hizo un tour por el edificio, su departamento y la azotea. 

Mencionaba que, de los 30 departamentos, solo quedaban 6 aún habitados por vecinos, entre ellos una señora de 89 años, la cual no sacaban los de la inmobiliaria “para no lucir mal”. 

El tour pasó por su antiguo departamento, donde una fuerte melancolía invadió el ambiente al ver una pared con imágenes y recuerdos cubierta de polvo. Ese era el último recuerdo de lo que fue el departamento de Carlos Acuña y lo rápido que puede cambiar las cosas. 

De ahí Carlos subió a la azotea, seguido por los que lo ayudaron a subir sus cosas y sus amigos. Al llegar, justo caía la resolana y comenzaba la “Golden hour”, 

Ahí Carlos Acuña, cansado pero feliz, dijo: 

“Por esto luchamos”

Y señaló las vistas, imposibles desde otra parte de la Ciudad. Se veía la Torre Latino, el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores y los Tribunales, lo verde de la Alameda Central, San Hipólito y los estudios Tepeyac. Hasta se alcanzaba a ver Tlatelolco y la Sierra de Guadalupe, al norte de la Ciudad. 

Postales que valían la lucha. 

“Este era un lugar de descanso y de reunión de los vecinos” añadía Carlos con algo de melancolía, mientras pasaba la tormenta atravesada por los rayos del atardecer citadino. 

Valía la pena defender esto, defender tu patrimonio, de los deseos corporativos voraces que renuevan la ciudad a costa de sus ciudadanos. Y terminamos como el sofá-cama. Arrumbado en la calle, tragado y escupido por esta ciudad que tanto odiamos, pero en ella seguimos viviendo. 

Al otro día llegó la PAOT a clausurar la obra de los departamentos. Una semana después los vecinos, junto con el colectivo 06000 Observatorio Vecinal realizaron una marcha, justo el día en que Carlos y otros vecinos fueron a comparecer ante un juez.  La Lucha sigue… 

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